Aprende a hablar en público y cautiva a tu audiencia

[vc_row][vc_column][vc_single_image image=”4690″ img_size=”full” alignment=”center” style=”vc_box_shadow_3d” css_animation=”none”][vc_column_text css=”.vc_custom_1543599686281{margin-bottom: 0px !important;}”]Hablar en público es una mezcla entre disposición, ganas y afán de superación. No cabe duda de que cada vez que afrontamos la tarea de hacerlo, sentimos el peso de una responsabilidad enorme, una mezcla entre el deseo de quedar bien y el anhelo de que nuestra audiencia sea capaz de seguirnos.

En el artículo de esta semana, basado en la experiencia personal de continuos enfrentamientos ante el micrófono, te queremos dar unas pautas que te serán de mucha utilidad a la hora de ponerte frente a una audiencia y, de paso, lograr que la cautives.

 

Primeras premisas

Si quizás pueda darte unos consejos a la hora de hablar en público, posiblemente se deba al gran número de veces que me he sentado como oyente (y las que me quedan) y analizado todo aquello que no me gusta de los ponentes. A nadie le gusta sentir que pierde el tiempo, aburrirse ni comprobar cómo su mente lucha desesperadamente por evadirse de ese instante y lugar.

Sin embargo, como oyente, también he podido valorar de forma muy positiva a otros ponentes e incluso convertirme instantáneamente en su fan, ya sea por su manera de comunicar, por cómo expresan sus ideas o por sus estrategias para conseguir atraparte. Son esas personas las que debemos tomar como referentes, para “robar” sus ideas y moldearlas a nuestro antojo de forma que la mezcla entre lo que vemos y nuestra propia aportación nos configuren como orador.

 

Control total sobre lo que hablas

Es obvio, nos sentimos cómodos si el tema del que vamos a hablar pertenece a nuestro área de conocimiento. Porque si no lo es nos veremos obligados a realizar un gran trabajo de documentación, a ensayar frente a un espejo o a sentar a nuestros amigos en el sofá para que nos escuchen y nos den su visto bueno.

Hablar en público puede no resultar fácil, pero por suerte es algo que se aprende. Y no, no vas a ganarte al público siendo más o menos gracioso u ocurrente, sino poniendo pasión en lo que comunicas. Esa ha de ser tu seña de identidad como comunicador. Si consigues enganchar al público, ya casi lo tienes hecho.

 

Proximidad y cercanía

La última vez que me tuve que exponer a hablar en público fue ayer mismo, concretamente para el Aula de Mayores de una universidad. La edad media podía rondar los 70 años, personas de toda condición y cultura, desde licenciados a agricultores pero todos con un objetivo común: aprender sobre un tema que desconocían. Y ahí estaba yo, tratando de acercarme lo máximo posible a ese grupo de personas que me escuchaba desde el más absoluto respeto.

Las claves para conseguir que la hora y media de ponencia fuese atractiva, aparte de un apoyo audiovisual, era centrar el discurso en algo que pudiesen comprender todos. Y desde mi experiencia como ponente (suelo dar un par de charlas al año), mi mejor consejo es el de ejemplificar mucho con asuntos de la vida cotidiana.

Por ello, y a no ser que se trate de una charla muy técnica de algo muy puntual, lo mejor es hablar con una terminología clara. Que cualquiera sea capaz de entenderte con claridad. Y olvídate de las prisas, plantéalo como una charla entre amigos, no como una master class.

 

El apoyo visual

Lo normal a la hora de hablar en público es tener un respaldo en forma de proyección, lo que normalmente hacemos con primas como PowerPoint o KeyNote. Son sin embargo un arma de doble filo.  Seguro que has asistido a alguna charla en la que las dispositivas:

  • Tenían demasiada información para leer.
  • Mostraban un amalgama de cosas sin sentido.
  • La combinación de colores, efectos y transiciones era horrible.
  • Estaban expuestas durante demasiado tiempo.

Probablemente las mejores diapositivas son aquellas en la que se muestra poca información. El objeto de hablar en público es que la gente te oiga a ti, y no que sea la diapositiva la protagonista.

 

Comunicación no verbal

Tan importante como el mensaje que transmites. Los gestos, las manos, el movimiento y cómo te desplazas por el estrado son parte del contenido de lo que hablas. Son demasiadas las veces que hemos escuchado a alguien que finalizaba cada frase con un “¿no?” De ahí la importancia de ensayar ciertos aspectos ante los amigos o frente a un espejo.

Tan valioso es el contenido de tu mensaje como aquello que no dices, tu silencio. Haz pausas de vez en cuando, los oyentes las agradecen y enriquecerás tu discurso con un sensación de calma muy interesante. Y las manos, quizás tengan tanto valor como tu boca. Que expresen y se muevan, nunca han de estar en los bolsillos. La mirada ha de estar repartida entre los asistentes, no aísles a nadie ni te pongas a mirar al techo. La mirada perdida no es una buena aliada.

 

Relaja las posibles tensiones

Lo habitual es que la tensión la tengas tú, no tu público. Una buena forma de relajarse es comenzar contando cualquier anécdota que se te ocurra: algo que te haya pasado camino de la charla, un breve chiste… Conseguirás romper el hielo y comenzar con buen pie. 

Otra de las técnicas que suelo emplear antes de salir a hablar es la de sentarme en las sillas del publico algo antes de impartir la charla. Así visualizo el escenario, cómo están sentados los oyentes, cómo se ve la pantalla y de paso afino la oreja para ver si pillo algún comentario interesante. Incluso aprovecho esos momentos para hablar con el público, tranquiliza mucho.

 

Tu imagen transmite

Tanto si te enfrentas al público de forma habitual como si lo haces de forma esporádica, has de cuidar tu imagen. A fin de cuentas es tu marca personal y puede determinar que te vuelvan a contratar para posteriores ponencias o no. No aparezcas con la ropa arrugada, desaliñado o con aspecto de no puedo con la vida. Lo que se ve es lo que se vende y nadie quiere comprar género pasado. No me refiero a que vayas de punta en blanco, porque será el nivel del lugar el que determine si has de ir con traje o con americana. Como siempre, que impere el sentido común.

 

Hora de decir adiós

Como siempre, hemos de ser agradecidos. Tu audiencia ha hecho un esfuerzo por acudir a escucharte, las posibilidades de éxito son proporcionales a tu esfuerzo, y eso se nota. Así que nada mejor que acabar tu ponencia con un GRACIAS bien grande en tu diapositiva y que además salga de tu boca. Los miedos iniciales por fin han desaparecido y las ganas de repetir la experiencia serán grandes.

Una vez en casa llega el momento de hacer análisis y determinar cuáles son las sensaciones que hemos transmitido y cuáles las que nos llevamos. ¿He visto algunos bostezos? ¿me ha faltado o sobrado tiempo? ¿hay algo que he necesitado explicar demasiadas veces? ¿ha habido feedback al final de la charla? Mete todo esto en tu batidora y aprende de la experiencia, te aseguro que engancha.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]