Los rosales de Hope

 

“El agujero negro crece en mareas negras, como un lunar cancerígeno de gravedad en el universo interior. A medida que la tectónica de emociones ejecuta su autodestrucción, se silencian los cielos, lobotomizados de pájaros, en una extinción masiva de estrellas debida a la muerte de Hope.

 

Hay más estrellas en el universo que granos de arena en todas las playas de la Tierra; la esperanza es un rosal frondoso de encarnaciones. Pero incluso sus esquejes son limitados.”

 

Una sinopsis algo inusual para hacerse la idea de la línea argumental de un libro, pero debemos tener en cuenta que se trata de poesía, no de novela o teatro. Parece que con ella se nos quiera indicar más las metáforas fundamentales comprimidas en las estrofas que el argumento más allá del tema principal. Porque si algo es “Los rosales de Hope” es un libro cargado de metáforas y símbolos que se relacionan y colisionan entre sí, evolucionando a lo largo del poemario.

 

Y sin embargo, siendo una obra poética tan diferente a todo lo pasado y presente, tan apócrifa, se hace increíblemente amena de leer y muy intensa. Goza de una sensibilidad y expresividad que envuelven y difícilmente dejan indiferente.

 

La esperada continuación de “La muerte de las estrellas” conserva las características del anterior libro, con el que se inauguró el subgénero de la poesía conceptual; los poemas funcionan autónomamente pero en conjunto desarrollan una historia más extensa, conformando una realidad poética mayor. A su vez, varios símbolos y personajes de su predecesor se mantienen en “Los rosales de Hope”: el Cuentacuentos, los agujeros negros, los pájaros, etc. Ello sumado a todas las novedades de la nueva obra.

 

El libro interpreta la psique de cada persona como un universo. Trata sobre Hope, la esperanza errante y espectral, como esquejes de rosal que se reencarnan y viajan en busca de un lugar en dicho universo. Pero las estrellas disponibles se están agotando desde la primera que se sacrificó en "La muerte de las estrellas". Los agujeros negros crecen y se fusionan, devorando el universo, y en medio de la debacle el narrador, aquel cuya mente es ese universo, se resquebraja en dos "conarradores" (otra original fórmula del autor para el libro): por un lado la persona al principio del libro, que comienza siendo dominante en la mente, no acepta la muerte de la esperanza y quiere protegerla a cualquier precio. Por otro lado, la persona en la que se está convirtiendo, la mentalidad que poco a poco se va imponiendo inconscientemente,  que quiere aceptarlo y si es necesario arrancar las rosas que quedan para salvar todo del agujero negro.

 

También podemos apreciar una mayor experimentación estilística, pues el autor llega a emplear métricas como el alejandrino francés (“Postapocalipsis”), el verso libre (“Cortocircuito de tulipanes”) o el hexámetro dáctilo (“Ciclo de vida de la Esperanza”) que ya usara Homero para sus famosas epopeyas, así como una vez más métricas de propia invención como el “verso onírico”; todo ello para marcar los ritmos según el sentido de cada poema.

 

Además, a lo largo del libro hay cinco 'mensajes de radio' que se corresponden con las fases de un enfermo terminal y que sirven para vertebrar el argumento. Con el símbolo del artefacto improvisado con materiales y palabras de las ruinas, Albatros parece expresar su insatisfacción con las formas de expresión poética disponibles hasta ahora, lo que le llevaría a usar términos muy concretos y potentes sacados de ámbitos alejados de la poesía, como lobotomía, retrodispersión o tardígrado. Ya en “La muerte de las estrellas” vimos cómo hizo brillar como metáforas conceptos como los agujeros negros, las disecciones o los alienígenas.

 

El poemario presenta a su vez palabras extranjeras que el autor “anexiona” a su idioma para valerse de su expresividad, como la japonesa “komorebi” (juego de sombras y luces producidas por la interacción del sol con las hojas), así como unas pocas palabras de cosecha propia, como el verbo “expectar”, que no está recogido por la RAE a pesar de existir la palabra expectante.

 

En definitiva, “Los rosales de Hope” supera las expectativas y continúa ampliando y profundizando el universo creado en “La muerte de las estrellas”, tanto que ésta parece un preludio a lo que estaba por venir en “Los rosales de Hope”. Estamos impacientes porque el autor escriba el broche final de esta apasionante trilogía.

 

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