Mi nombre es Alba y mi madre me obliga a ser homosexual

Mi nombre es Alba y mi madre me obliga a ser homosexual

Mi madre me obliga a llevar el pelo corto, mi tío me pregunta si ya me he echado una novia de una vez por todas, a mi padre le gustaría que fuese una gran estrella del fútbol, mi abuela me compra pistolas, coches y demás caprichos que ella considera que deben ser para mí. Todos me obligan a vestirme con pantalones, porque, aunque me gustaría vestir falda, pintarme las uñas o maquillarme… a la sociedad no le gusta. Las películas y los cuentos que me leen siempre terminan con “y ELLAS se casaron, fueron felices y comieron perdices…”.

 

Quizás sea demasiado perturbador imaginar un mundo así. Pero para tu sorpresa, no es tan complicado, lo tenemos en la acera de enfrente.

 

Si nos encontrásemos esta noticia en cualquier periódico, todos nos quedaríamos boquiabiertos. Unos padres que obligan a su hija a ser homosexual porque sí, porque les apetece y porque creen que debe serlo. Es una aberración, es forzar la sexualidad de una persona, ¡es ir contra la naturaleza! Pues sí, desde luego que lo es, pero… quizás repitamos este esquema a la inversa y nos quedemos tan anchos. No está bien visto que una madre induzca a su hijo a ser homosexual, ¡que flagrante delito! Pero, que cada uno de los instantes que viva nuestro hijo estén dirigidos al camino heterosexual, eso sí es natural.

 

Por tanto, obligamos a nuestro hijo a ser heterosexual. Y ya no me refiero a las familias rancias que educan en base a “la lógica”, en la cual, ni por asomo entra dentro del planing el tener un hijo homosexual. No, me refiero a personas de mente despierta, enfoque progresista y muy pocos prejuicios. Esas familias tolerarían sin atisbo de miedo que su hijo fuese gay, pero lo educan para que no lo sea. Jamás se les pasará por la cabeza señalar que su amigo Jorge es muy guapo y con él hace muy buena pareja, pero sí que lo harán con su compañera Marta. No le mostrarán directamente el camino a seguir, ella lo verá con sus propios ojos. Las princesas se casan con los príncipes para ser felices, eso es lo normal y lo que verá siempre. Hasta que crezca, y su naturaleza no lo lleve por el camino que le han enseñado, sino uno muy diferente, del que en minúsculas ocasiones le han hablado. Entonces, su primer acto, instintivo y dirigido por una tutela heterosexual será reprimir esos sentimientos. Dudará de su normalidad y lo ocultará.

 

¿Por qué? Porque sólo aquel día de verano vio por la calle a dos hombres de la mano, no era malo le dijeron, pero no era lo que le habían enseñado.

Autora: Alba Mateo Mosquera.