El juego de Ender. Regresión a la niñez

Hubo una época, nada parecida a esta actual, hoy hace siglos la verdad, en la que tras salir de clase una ilusión te embargaba porque sabias que tus amigos estaban esperándote en los recreativos. La chispa era salir y gastar unos duros en renovar record en aquellas maquinas de aviones y navecitas y luego charlar o incluso ligotear con el melenas de la maquina del Pang, aunque bueno, eso es otra historia (jejeje)

 

Ayer vi “El juego de Ender” futurista película/adaptación que Gavin Hood ha hecho sobre la novela original de Orson Scott Card. Nos remonta al 2070, donde la tierra a sido atacada por alienígenas y niños ”prodigio” de algún modo, con especiales condiciones físicas para la guerra y una más que peculiar capacidad de táctica en combate, son reclutados para salvar la tierra. El elegido y superior Andrew Ender Wiggin (brillantemente interpretado por Asa Butterfield ) guiará a sus oficiales hacia una supuesta gran victoria. 

 

Esta especial cinta, logra transportarte a esa niñez ya casi olvidada. Nunca me apasionaron las producciones de ciencia ficción en sí aunque me reconozco una admiradora de títulos de los 80 como Mad Max y/o Blade Runner entre otras. Ender tiene esa magia implícita del cine de antes, trasmite esas sensaciones de gran película (no sé por qué en más de una ocasión me recuerda a la memorable” Tron”), lástima que aún a día de hoy no se sepa sobre su secuela. 

 

No todo en ella es brillante, siempre aparecen el yin y el yang, pero desde luego entretiene y atrapa casi desde su inicio y me repito, logra esa regresión a la niñez que no en demasiadas ocasiones se consigue en la gran pantalla.

 

Lo peor: Que un actor de la talla de Ben Kingsley mantenga una interpretación inerte durante toda la proyección.

 

Lo mejor: Mi profesor de Ciencias Sociales decía ”no preguntéis si se puede, siempre  puede ser”. Queda la esperanza de que una continuidad para “El juego de Ender” pueda ser. 

 

Autora: Mila Marcos.