Gravitando en torno a un papel pintado

Gravitando en torno a un papel pintado

Hay gente que vive sin dinero, sí, vale, eso ya lo sabemos. Hay gente que vive sin dinero porque así lo ha elegido, porque quiere. La cuestión ya se complica… ¿Por qué alguien querría vivir sin dinero? Todos conocemos la roída leyenda urbana, en todo pueblo, ciudad o villa existe una señora, desgraciado, loco o hippy que según cuentan las malas lenguas guardaba en sus haberes miles de euros bajo custodia bancaria. Sin embargo, un buen día se desperezó, de la noche a la mañana decidió tirar por tierra todo su patrimonio y ponerse a buscar la comida en la basura. Cuando me contaban semejante historia, la cual se repetía en cada ciudad en la que acababa por residir, yo respondía matemáticamente… Alegaba que la vida era demasiado aburrida como para vivir de las verdades. Todos sabemos lo intangible de un cotilleo, no se sostiene por ninguno de sus costados pero, una vez escuchado, lo contamos. Los repetimos hasta la saciedad, con la esperanza de que algún día se hagan realidad y así, nuestra rutinaria vida tenga algo de picante. Además de eso, y con la mejor de mis sonrisas, chasqueaba socarronamente un silbido capitalista: ¿Por qué alguien, una persona juiciosa y sana, querría vivir así?

 

Sin embargo, un día rompí el bucle. No le conté a nadie lo que decían del mendigo apostado en la puerta del supermercado. Muy por el contrario dejé de negarlo en mi interior y quise darlo por cierto. Vivir sin dinero…en verdad sería una deliciosa fantasía. Utópica desde luego, pero, no dejaba de ser maravillosa. El dinero es de lo único que no podemos prescindir, el dinero tiene más fuerza que la familia, los amigos o tu amada pareja… ¿Imposible? Ojalá, pero jamás podrás desarrollar tu vida si no tienes un chavo.

 

Ahora podía entender lo que movía a aquel sujeto, aunque no fuese verdad. Si yo pudiese vivir únicamente de mis capacidades, si el valor de una persona se midiese según sus dotes y no por los ceros que acumule. Quizás, la gente dejaría de estudiar por costumbre, crecería porque quiere, para satisfacer sus necesidades y sentirse pleno. Ese sería un paraje inigualable, mi amiga Patricia por ejemplo, no tendría que trabajar en una hermosa ciudad. Hermosa sí, pero desconocida para ella, porque lo único que ve es el aceite correoso que se quema en la plancha junto a las hamburguesas. Trabajamos “como negros” para tener la vida que anhelamos, pero esa vida nunca la alcanzaremos porque nos pasamos el día trabajando. ¡Es una insolente paradoja! El dinero nos hace esclavos, nadie puede vivir dignamente si no lo tiene. Jamás se abolió la esclavitud, pero nosotros nos lo creímos y la dimos por muerta.

 

      Y me dirás: ¡Ingrata! ¡Piensa lo que dices! Ese es el avance de la sociedad. ¡Vuelve a tu cueva y juega al trueque!

 

Tienes razón, todo sea por el progreso, el mundo va por muy buen camino. ¡Desde luego!, porque como leí una vez en un metálico letrero: “Arbeit macht frei”, “el trabajo os hará libres”… ¿no es así?

 

Autora: Alba Mateo Mosquera.

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Comentarios: 3
  • #1

    Toño (martes, 19 enero 2016 15:54)

    “Solo cuando perdemos todo, somos libres de hacer lo que queramos.” -Tyler Durden

  • #2

    Ariadna (miércoles, 20 enero 2016 18:44)

    Cuánta razón, cuanto nos fijariamos en las capacidades y valores de cada uno si no lo tuviéramos. Vivir para trabajar o trabajar para vivir, y que todavía haya gente que prefiera lo primero...

  • #3

    nuvequinta (viernes, 22 enero 2016 00:17)

    Bravisimo banbina