¿Qué hacemos? ¿existen culpables?

Las emociones forman parte del ser humano, pero cada uno las siente de un modo completamente diferente. Podríamos decir que es como cuando diversas personas leen el mismo libro y se imaginan la historia de formas diferentes. No importa la edad, ni el género, simplemente se trata de emociones que pueden ser muy parecidas en contextos distintos y con consecuencias completamente diferentes. Para ello, veremos un ejemplo actual, que le está sucediendo a millones de personas en este país. 


Actualmente, cuando un estudiante acaba sus estudios y está completamente preparado para incorporarse al mundo laboral, se encuentra con una gran barrera, y es que, algo tan simple como acabar su formación profesional e incorporarse a trabajar parece demasiado complicado para los jóvenes de hoy en día, viéndose muchos obligados a emigrar a otros países. ¿Qué sucede? Son jóvenes que empiezan con ilusión otra nueva etapa de su vida deseando poder poner en práctica todo aquello que durante años han estado aprendiendo y sin embargo, por diversas causas, eso no ocurre. No se puede generalizar, ya que otros encuentran trabajos en los que están contentos y pueden empezar a vivir esa maravillosa experiencia de introducirse en el mundo laboral, aunque me temo, que actualmente, éste último grupo es el más reducido. Tienen toda la ilusión que probablemente a algunos trabajadores veteranos les falte y que otros todavía conservan. Sin embargo, quieren un trabajo para poder empezar a mantenerse sin ayuda de sus padres, o al menos, con la menos posible, quieren empezar a cotizar y sobre todo tienen mucha ilusión por empezar a cumplir un sueño. Pero cuando buscan y no encuentran nada, sienten tristeza y frustración, porque parece que todo el esfuerzo realizado a lo largo del tiempo no ha servido para nada, o al menos, no obtienen recompensa laboral por ello, y eso es algo triste. 


Existe otro grupo de personas, completamente diferentes, que muchos podrían ser los padres de esos jóvenes que han terminado y no encuentran dónde trabajar. ¿Qué sucede con este sector? Personas que tienen cargas familiares, seguramente unos gastos fijos y muchos con hipoteca. ¿Qué ocurre, cuando después de toda una vida trabajando y a pocos años de su jubilación, les dicen que quieren prescindir de sus servicios? Probablemente a estas personas se les vendrá el mundo encima, ya que tienen diferentes responsabilidades y pueden llegar a verse sin nada en décimas de segundo. Es decir, pueden perder todo lo que han estado trabajando durante muchos años con su sudor, simplemente, porque hay que recortar personal. La verdad, es que tan solo con leer esas palabras, muchos podrán identificarse rápidamente. En este último ejemplo podemos observar que una persona puede sentirse muy triste por perder su trabajo, angustiada y extremadamente preocupada por lo que hará posteriormente. Pero, sobre todo, pensará que a su edad será difícil que lo quieran contratar en otro lugar, ya que contratar a personas a partir de cierta edad se vuelve muy complicado. 


Al principio de este artículo hemos puesto como título estas dos preguntas: ¿Qué hacemos? ¿existen culpables? Todos podemos contestar a esas preguntas con diversas opiniones, sin embargo, creo que pararse a pensar en un culpable o en varios que probablemente no pagaran por lo que está sucediendo, es una pérdida de tiempo. Simplemente considero que deberíamos o pensar en una solución que probablemente ni siquiera se encuentre en nuestras manos, o callarnos y dejarlo pasar. Sea como sea, piensa que en cualquier momento puedes ser tú el que sienta esas emociones, o alguien cercano a ti. Alguien dijo alguna vez: “Nuestras emociones pueden ser nuestra mayor fortaleza o nuestra peor debilidad. Todo depende de cómo las manejamos”. Sin embargo, existen momentos en esta vida en el que es muy difícil poder manejarlas. ¿No creéis?

 

Autora: Lara Castro.

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