Canciones que prohibirías

Te mataré con mis zapatos de claqué,

te asfixiaré con mi maillot de ballet,


¡Y bailaré sobre tu tumba!


Todos conocemos el pegadizo estribillo de Siniestro Total, lo hemos tarareado a altas horas de la madrugada mientras imitábamos tocar una guitarra. Y quién no ha movido el pie con este mítico himno del rock interpretada por Loquillo:


Que no la encuentre jamás

o sé que la mataré.


Por favor sólo quiero matarla.

A punta de navaja

Besándola una vez más.


Canción que a día de hoy ha sido censurada incontables veces en Youtube y que el propio cantante ya no se atreve a tocar en sus conciertos debido a las críticas que ha recibido. Pero a nadie le importaba lo más mínimo si hacía apología de la violencia de género, en aquellos locos 80 cuando subías el volumen de la radio para que todo el mundo oyese lo que escuchabas. La lista de canciones prohibidas sería demasiado larga para enumerar aquí, pero más de uno se indignaría hoy con “quince años tiene mi amor”, o por la paliza que iba a dar Juan Perro a su chica, por “pintar su nombre dentro de un corazón de tiza en la pared”.

Entonces ¿qué es lo que nos ha pasado, hemos perdido el humor o son realmente hirientes estas letras como para que alguien se sienta dañado?


No hay duda de que son canciones cargadas de violencia, y que hoy nunca se hubiesen escrito o más concretamente ninguna discográfica se atrevería a publicar. La corrección política reinante en nuestra década hace imposible que algo así ocurra. Sin duda lo que nos envuelve actualmente es una atmósfera de uniformidad, en donde es mejor no hablar demasiado alto, no vaya a ser que a alguien le pueda encolerizar. Hemos decidido abandonar al valor en el olvido. Preferimos tapar los ojos, mirar hacia otro lado y no ver la realidad. Pero sí, somos una raza violenta, no hay más que echar un vistazo por las páginas de historia para darnos cuenta.

Entonces, ¿hacia qué camino nos dirigimos?, ¿hemos avanzado hasta tal punto que lo que más valora nuestra sociedad es el respeto a nuestros prójimos? ¿O realmente nos ponemos una careta para demostrar lo ejemplares ciudadanos que somos? Públicamente jamás han de oírse determinadas palabras. Lo que luego ocurra dentro de tu casa ya es otro asunto.


Por tanto, hasta dónde han de llegar los límites de la censura, ¿debemos coartar el arte sólo a lo estrictamente correcto? Entonces será mejor borrar del recuerdo las obras de Shakespeare para que nadie se sienta herido con la magnanimidad de Otelo. Y por qué no, quemar en la hoguera todos aquellos cuadros que esbozan nuestro carácter cruel. Aunque… mejor cambio de tema, esto me recuerda demasiado, a una época ya muy lejana…

Autora: Alba Mateo Mosquera, redactora de El Blog de Ángel.