¿Somos demasiado obedientes?

¿Somos demasiado obedientes?

¿Somos demasiado obedientes? En nuestra vida cotidiana tenemos que elegir muchas veces entre lo que nos dice nuestra moral y lo que nos impone una autoridad. Vivimos en un mundo que sienta sus bases en la concepción de que el ser humano se rige por unos principios naturales que intentan evitar el mal ajeno. Pero qué pasaría si no estuviésemos en lo cierto, si lo que en verdad nuestra sociedad guardase con mimo fuese una enseñanza que nos inculcan desde niños, la obediencia.


Tras los juicios de Núremberg, hubo un delirio colectivo, las gentes quedaron horrorizadas por las simples respuestas de los integrantes del Tercer Reich. Uno tras otro, los acusados alegaban que las atrocidades que habían cometido, solo las habían hecho porque obedecían órdenes. ¿Era posible que miles de colaboradores, mujeres y hombres de a pie, hubiesen hecho semejantes fechorías y fuesen tan pusilánimes que ese fuese su único alegato de defensa? 

Experimento Milgram

El profesor Milgram quiso dar respuesta a esto.

Elaboró un estudio mediante métodos poco convencionales, que pusiese en evidencia si lo que se condenaba en la época nazi, era realizable por los estadounidenses comunes. Para ello comenzó unos experimentos en donde los participantes no conocían su estado de sujetos.

 

La investigación se basaba en tres personas, dos de las cuales eran psicólogos que se hacían pasar por voluntarios, a estos se les denominaba el experimentador y el alumno; el tercero sería llamado el maestro y era el único que no conocía el estudio. A este se le engañaba haciéndole creer que los roles se elegían al azar, tras lo cual comenzaban la prueba. El maestro debía de dar una serie de descargas eléctricas cuando el alumno respondía mal unas preguntas. Primeramente les hacían una muestra a ambos para conocer el dolor real del nivel más bajo. Posteriormente comenzaban las preguntas, y con cada error ponían un audio con los gritos fingidos del alumno. Así proseguía la comedia, el maestro iba dándole descargas al alumno, y cada vez los voltios subían. A pesar de los gritos fingidos del compinche, de los golpes en el cristal o de la agonía que sabía estaba sufriendo, el sujeto proseguía. 

 

¿Somos demasiado obedientes? - Conformidad con la autoridad.

Todos los maestros parecían incómodos llegados a un punto, pero ante la continua insistencia y la férrea autoridad del experimentador, proseguían, sobrepasando incluso los 300 voltios, punto en el cual el alumno entraría en coma. Con anterioridad los psicólogos habían predicho que tan solo se llegaría a una media de 130 voltios y la obediencia al experimentador, una vez comprobado el horror, sería del 0%. 

Nada más lejos de la realidad, el 65% de los maestros aplicaron una descarga de 450 voltios, y ninguno se negó rotundamente antes de llegar a los 300.

 

Los datos son escalofriantes, el número de sujetos que continuaron con la tortura es demasiado elevado como para caer en la tentación de pensar que el sadismo es mayoritario en la población. Es evidente que no, pues lo que realmente representa es la conformidad de la sociedad con la autoridad.

 

 

Autora: Alba Mateo Mosquera, redactora de El Blog de Ángel.